Érase una vez una niña de cabellos dorados que era simplemente feliz.
Le gustaba sonreír, bailar, jugar con sus amigos, correr de aquí para allá, ir a nadar, perseguir incansablemente a sus primos aunque estos no le dieran bolilla.
Era feliz, hacía lo que quería, tenía muchos amigos y fuera adonde fuera los hacía sin ninguna dificultad, es más creo que esa palabra no existía dentro de su vocabulario.
La vida parecía brillar en sus ojos, en sus sonrisa, en la mirada de sus padres, de sus amigos, de su familia...



