Me hago la citadina mientras espero que avancen las aguas del reloj.
Esta mañana madrugué porque tenía que ir a la facultad para inscribirme y bueno aprovecho para dar una vuelta y absorber algo de este aire citadino que muy poco tiene que ver con el lugar con el que vivo; de paso tengo que esperar y llamar de nuevo a casa porque nadie me atiende y le quiero preguntar a mi tía si quiere que le compre algo, aprovechando las rebajas de temporada.
Mmm... Esto de estudiar en el centro de Rosario va a ser malo para mi bolsillo…
Mientras tomo de sorbitos mi cortado empiezo a ver como poco a poco la ciudad comienza a cobrar vida.
La gente empieza a colmar poco a poco la peatonal dirigiéndose al trabajo, a la facultad o los que tienen suerte yendo de compras.
Como llegué tempranísimo me la pase caminando y mirando vidrieras, viendo ofertas que no puedo aprovechar y libros que no puedo tener. Y bueno todo no se puede en esta vida… por lo menos tengo… ¡Mejor lo dejo ahí!
UNR - Facultad de Humanidades y Artes.
A las 8:11 am me encaminé para la facultad de humanidades y arte. Me quedé en el hall mirando el reloj, sin saber adónde ir. En eso estaba dudando cuando vi a dos chicas, ingresantes bien supuse, que en apariencia no se acercan para nada a la edad de 18 años, parecen salidas de la escuela primaria en vez de la secundaria. Ni hablar de lo vieja que me hicieron sentir, espero tener algún veinteañero de compañero y sino bue, me resignaré a hacer de “la compañera grande”. Sigo y no me embrollo en esto de los años, que no soy, ni me siento tan vieja –seguí con la negación Noelia jajaja. Entran estas chicas y preguntan adónde tenían que ir para inscribirse, bien me ahorraron la pregunta y les seguí los pasos hasta alumnado por un pasillo angosto –que de noche debe dar terror.
Esperé parando las orejas escuchando todo lo que le decía a las niñas –menos mal que escuche porque a mí la mina, aunque súper macanuda, no me dijo ni la mitad de las cosas-; quería ver si la niña entregaba todo, porque yo como digna hija del rigor dejé todo para último momento y obviamente me olvide de sacarme las fotos en tamaño carnet, las que tenía se me acabaron y la verdad no da que valla con la foto horrible que me sacaron para el documento. Nada la niñita llevo todo menos el diploma de secundario que obvio todavía no tiene.
A la espera comenzó a llegar más gente, no sé si eran ingresantes o no, ni que carrera, pero la esperanza de no sentirme una jovata afloró al ver a chicos que parecían de más edad que las precoces adolescentes que tenía enfrente.
Mi turno, entregué lo que lleve, y quedé en llevar las fotos en cuanto fuera a retirar mi número de legajo -¡genial otro número que memorizarme!-; respondí orgullosa -??? – que no había abandonado la carrera anteriormente empezada y ya casi tenía el título, de merda, pero título al fin en mis manos. Lo de merda no lo dije, lo pensé nomás jeje.
La verdad es que nunca me habían atendido tan bien en lugar público –ni privado, cabe rescatar-; la mujer me entregó una invitación a una charla para los novatos, a la cuál quizás concurra para tantear terreno.
Trámite concluido.
En eso me acorde que le había prometido a Clau averiguarle por unos cursos de idiomas y justo vi un anuncio que hablaba al respecto y me viene genial porque es gratis para los alumnos regulares, creo que voy a empezar inglés después de todo, tomé nota de todo y ahora me queda averiguar nada más y comentarles a mis amigos en una de esa ellos también pueden hacerlo.
Peatonal Córdova - Cuidad de Rosario, Santa Fe.
Salí más animada de lo que había llegado y me fui a desayunar, me pedí un cortado y un bagel de lomito y queso chedar –¡¡¡que delicia!!!
Y ahí estaba yo, en el segundo piso del Fast food sintiéndome parte de un capítulos de “Sex and the city”; cuando lo citadina se me acabo cuando por la tos me ahogue mientras intentaba tragar un sorbo del café. Ni hablar, escupi todo. ¡Que vergüenza! Por suerte a nadie le importo un carajo que casi me asfixio -¿debería alegrarme o molestarme? Eso me pasa por hacerme la citadina jaja
El sol comenzaba a brillar cada vez más y la gente empezaba ya a pulular por las calles mientras observaba a la torre Eiffel por la ventana. No, no fue uno de mis sueños sin sentido, en frente hay una gran torre Eiffel porque así se llama una gran mercería y casa de diseño.
Llamo a casa, doy con Doña Rosita y me pongo en camino.
De algo estaba segura: ¡no me iba a ir sin ninguna bolsita en mano!
PD: Aunque me tente a comprarme muchas cosas para mí opté por hacerle el favor de comprarle a mí tía un juego de sábana en Arredo ¡¡¡Cómo me gusta esa tienda!!! ¡¡¡Me llevaría todo!!!



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