El otro día con la excusa de comprar el regalo para Lu, le pedí a March que me acompañe a Rosario.
Me enamoré de "El Ateneo" es como entrar a otro universo, me podría pasar horas revisando libros, cd's y dvd's; sorber café hasta hiperventilar y dejarme llevar por esa atmósfera ajena en mi entorno.
Compra hecha, le regale "Persuasión" de Jane Austen, se que está obsesionada con la peli y también se que no se compraría el libro, por eso opté por regalarle el libro.
March y yo fuimos a comer, habíamos desayunado solo una taza de café en mi casa y el estómago empezaba a quejarse. Así que hicimos 2x1 desayuno y almuerzo. Fuimos a las "Vacas contentas" -como bautizamos a "Helados Buen Humor" porque en las servilletas aparece el slogan "Helados bueno humor hechos con leche de vacas contentas" y así le quedó nomás "Vacas contentas".
Comimos carlitos, gaseosa y de postre un súper pedazo de torta de chocolate con dulce de leche y nueces que no pudimos terminar estábamos más que llenas.
Entonces empezamos a hablar de Rosario, vah más exactamente de la ciudad, nosotras que vivimos toda la vida en un pueblo, nos asombramos de cómo cambia la realidad en tanto solo unos cuantos kilómetros.
En eso, no me acuerdo porqué, empezamos a hablar de mi escritura, vah, de lo que escribo y de cómo tan sólo recorrer unos pocos kilómetros y sentarme en un bar lleno de gente que no conozco basta para inspirarme a escribir. Es que es otro universo, por lo menos no es el mío cotidiano y rutinario que termina por hartarme y deja de sorprenderme.
La ciudad tiene vida propia y hace que mis sentidos se predispongan de otra manera. Sintiendo cosas que no sienten seguido, viendo paisajes siempre cambiantes y embriagándome de esa alma propia y cosmopolita que vibra y hace chispear pensamientos e ideas en mi cabeza.
De vez en cuando, está bueno buscar un poco de inspiración.



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