domingo, 23 de marzo de 2014

Honesta

Ayer me dio un ataque de sinceridad en el trabajo, no uno malo, sino uno de esos momentos en que sencillamente el miedo se hizo a un lado decidí abrir mi maldita boca para compartir lo que siento.
La semana que viene arranco a cursar en la facultad y creo que por ahí vino la mano. 
Mi primo me preguntó para que cursaba ahora que tenía trabajo ¿y si te llaman de alguna escuela? ¿No las podes hacer libre (a la materia)? Y había arrancado a decirle si no tenía idea de lo que implicaba hacer una materia libre, la cual no tiene por cierto, pero en vez de eso decidí decirle la verdad del motivo principal por la que empecé a cursar de nuevo. No sé porqué, sencillamente lo hice... le dije que no cursaba sólo para hacer la carrera sino para salir de casa, conocer gente... pero no pude continuar porque el me interrumpió nuevamente con el discurso del trabajo y de que en el fondo sé, como el resto de mi familia piensa, que estudiar es una idiotez si ya tengo un título. 
No sé porqué me estoy haciendo estoy un sábado por la noche, es que se me quedó la expresión de mi primo clavada en la cabeza, la mirada de incomprensión total cuando yo le decía lo de estar todo el día en casa sin hacer nada, sin ver a nadie y sin que nadie venga a verme.  
Pero no importó el esmero que hice en tratar de explicar lo que siento. Supongo que asume que yo soy así, que me gusta estar en casa, que no me gusta salir, que soy aburrida (para ellos).... cuando sencillamente no es así. 
Las palabras se silenciaron y dejé de intentarlo. Creí que hacía un avance al abrirme y lo único que conseguí fue estrellarme. 
Y no sé porqué pero me duele.

sábado, 15 de febrero de 2014

Transitando la zona de la angustia


"Esta atmósfera de sueño y de inquietud que lo hacía circular a través de los días como un sonámbulo, la denominaba Erdosain, «la zona de la angustia». Erdosain se imaginaba que dicha zona existía sobre el nivel de las ciudades, a dos metros de altura. Esta zona de angustia era la consecuencia del sufrimiento de los hombres. Y como una nube de gas venenoso se trasladaba pesadamente de un punto a otro, penetrando murallas y atravesando los edificios"


Los siete locos, Roberto Art

Ando transitando por la zona de la angustia, es una sensación de mierda que lo único que me deja es un vacío emocional y los ojos hinchados. Y sé que lo que lo ocasionó es una estupidez, lo que no lo es es que nadie, a excepción de mi hermano, intentó acercarse y ayudarme; y otra vez caigo en esa claridad de la persona que desean que sea pero que no puedo ser siempre, la servicial y sin problemas yo. Porque yo puedo solucionar, ayudar y hacerles favores a todo el mundo... y a mí que me parta un rayo. No puedo estar mal, no puedo tener un problema y nadie me puede hacer un maldito favor. No sé porqué sigue sorprendiéndome, supongo que mi gran defecto es creer que la gente es mejor de lo que realmente es, cuando la realidad es que tan solo unos pocos son los que realmente me quieren en las buenas y en las malas. Incluso mi familia se comporta como si no existiera, me ven mal y me dejan merodear con la mirada triste, el silencio clavado en mi garganta y los ojo inyectados por estar lloriqueando mientras deambulo intentando salir de esta zona gris. Dejan que se me pase la locura cuando en realidad tal vez necesitaría que alguien abrace esa locura conmigo y la deje salir; y no ver que mi comportamiento está mal. Porque después es ¿se te pasó la locura? La verdad: ¡NO! Porque tu actitud me duele más que las estupideces que me hacen poner así. 
Y así estoy, transitando la zona de la angustia, dándome cuenta de como son las cosas y teniendo un poco de claridad hacia donde debo ir y quien me tiene que acompañar o no. El mundo sigue con su vida y yo intentaré continuar con la mía.

domingo, 2 de febrero de 2014

Como el Coronel Brandon


“Brandon es justamente el tipo de hombre –dijo Willoughby un día que estaban hablando de él- de cual todo el mundo habla bien, pero de quien nadie se acuerda que exista; todo el mundo está encantado de verle, pero nadie se acuerda de dirigirle la palabra”.
Sentido y sensibilidad.
Jane Austen


Dicen, y particularmente creo o intento hacerlo, que los amigos son la familia a la cual elegimos. Digo que intento creerlo porque hace tiempo que me cuestiono sinceramente ello. No se trata de no sentirme querida, es solo que como a mi buen querido Coronel Brandon, parece que nadie se acuerda que exista o de dirigirme la palabra. Tengo muy buenos amigos, los más cercano e íntimos los cuento con los dedos de una mano y creo que me sobran, pero últimamente siento que nadie me recuerda. Está bien, hace poco fue mi cumpleaños y todo el mundo vino a saludarme pero no se trata de una ocasión especial, hablo del día a día, muy poca gente me recuerda y mucho menos es la que se molesta siquiera en hablarme o mandarme siquiera un mensajito. Ok. No soy la persona más divertida del mundo pero… ¿por qué nadie quiere pasar tiempo conmigo? Siento que la única persona a la cual le importa está a miles de kilómetros y al resto que tengo tan cerquita ni se molesta en visitarme o invitarme a hacer algo. Y todo lo que hago es quedarme en casa a entretenerme sola porque no soporto la idea de no tener nada por hacer. Y cuando propongo algo es como si estuviera hablando con una pared y entonces vuelvo a caer en la conclusión de que solo soy buena cuando me requieren, cuando necesitan algo de mí. Y aunque sea mentira y solo parte de mi imaginación, sentirlo es una mierda. Amigos son en las buenas y en las malas… ¿no? ¿Por qué siempre siento que estoy en las malas? ¿Porque siento que le doy prioridad a personas que sólo me tienen como opción? Y elevo estas palabras hacia el cosmos y espero que el tiempo lo diga todo.

martes, 14 de enero de 2014

Young adult


Hace tiempo que vengo barajando este post, más específicamente desde que a mitad del año pasado vi la película, con el mismo nombre, protagonizada por Charlize Theron. Más allá de lo que piense del film –Charlize Theron una genio en su interpretación- lo que me quedó resonando fue la trama y el nombre del mismo. Y me hizo pensar, en muchas cosas. En mí, en la gente que conozco y el mundo que me rodea.
Será porque tal vez a fin de mes cumplo el último año de mi veintena, sí, sí, 29 años y sin ningún problema por ello… bueno tal vez algunos… El problema no son mis casi veintinueve años, el problema que no me siento de esa edad ¿no les pasa? Y aquí entra el tema de “Young adults” (joven adulto). El término es un poco contradictorio, porque generalmente o sos joven o sos adulto, no hay una cosa intermedia… al menos eso pensaba hasta que vi la peli y el término me quedo resonando, y me sigue resonando, en la capocha.
No tengo del todo claro la definición de “Young adults” pero por lo poco que leí y pude encontrar; básicamente se trata que en un estadio entre los 20 y 40 años hay una extensión de comportamientos básicos de la adolescencia.  Sé que también se usa en el rubro editorial para clasificar a los libros que aborden una trama de este tip o que pueda interesar a este grupo etario.
Pero no creo que sea del todo una cosa personal, ok. es verdad que algunas personas maduran más rápido que otras, pero también creo que estamos ante un hecho de características sociales y culturales; no sé si propia del consumismo o de nuestra idiosincrasia, pero noto como cada vez más como esa brecha entre pubertad y adultez se va incrementando. No puedo hablar de todos y tampoco soy una experta en el tema, ni tampoco pretendo hacerlo y como este es mi blog de lo único que puedo estar del todo segura es de mis propias experiencias.

Como dije en un principio estoy pisando mis treinta pero no me siento absolutamente de esa edad… tal vez sólo con respecto al trabajo pero más que nada creo yo que es más por necesidad que otra cosa, porque necesito ser profesional y “seria”, bueno tal vez no todo el tiempo. Como decía aún lidio con muchas complejos que provienen de mi adolescencia y si bien hoy me acepto un poco más hay miles de cuestiones que me faltan experimentar, como el confiar plenamente en alguien y no sólo superficialmente, divertirme un poco más y no sentirme como que no sirvo para nada… o para nadie. Pero repito ahora me quiero un poco más e incluso estoy aceptando las curvas de mi cuerpo, aunque me falta aprender a sacarle provecho y al diablo con el mundo. Sigo luchando por mis sueños, trabajando duro y sigo apostando a la educación porque creo que no solo abre puertas sino que me ayudan a ser mejor y a relacionarme con el otro, sobre todo con el sexo opuesto.
En otros aspectos, no puedo dejar de compararme con gente de mi propia edad, muchas de mis amigas están relaciones “serias”, casadas e incluso con hijos… y yo, bueno “aún sin el pescado que vender” (como diría mi tía). Tal vez debería molestarme, y no es que no quiera alguna vez tener todo ello, simplemente aún no me siento preparada para ello, quizás si para una relación “seria”, pero no veo ni ahí con crío entre los brazos. La maternidad es una de las cosas más linda que hay en el mundo, por ahora me conformo con ser la tía que malcría.

En fin, soy una “Young adult” me agrada, no estoy lista para madurar aún y hay muchas cuestiones que pienso mantener a lo largo de mi vida adulta como mi obsesión con los libros y series, eso no se cuestiona tal vez me falte tiempo pero no lo pienso renunciar.

¿Madurar? ¿Para qué? ;)

sábado, 14 de diciembre de 2013

Una serie de eventos no tan desafortunados...


Respiro profundo y trato que el año no se me escape de las manos, como si eso fuera posible.
¿Dónde diablos se fue el tiempo?
Este año se paso tan rápido... llegó y se está yendo como una vorágine. 
Con muchos altibajos, algunas ausencias pero muchas satisfacciones.

Me anime un poco más a ser yo misma y a estar un poco más cómoda en mi propia piel... una piel que ahora está entintada y espera agregar un poco más.

Empezando una carrera que espero me traiga muchas satisfacciones, porque ser docente es mucho más que transmitir conocimientos... es tocar corazones... y si lo consigo aunque sea en una personita eso me basta.
Afrontando con la realidad de mis tiempos una carrera que me encanta y me desafía constantemente porque la facultad está resultando ser un nuevo campo académico totalmente distinto a lo que estaba acostumbrada pero que esta semana, después de luchar todo el año con mis éxitos y fracasos con mucha dicha dí en el clavo después de tanto sacrificio, haber sacada no sólo la materia, sino que mis profesores me hayan felicitado y apoyado por mi rendimiento. A veces una victoria y una palmada en la espalda es todo lo que necesitamos para poder volver a encarrilarnos en lo que nos apasiona... y voy por más, no importa el tiempo que me lleve.

Tener que haber despedido de rompe y raje a mi mejor amiga que se iba, sin previo aviso, a vivir al sur a miles de distancia... y me pego fuerte y me arrancó varias lágrimas, porque a pesar de estar feliz por ella sabía que la iba a extrañar a horrores. Pero nuestra amistad es de ese tipo de a pesar las idas y vueltas, las peleas apasionadas y las locuras de cada una; va a vivir para siempre y cuando me siento sola o cuando se me cruce por la cabeza "esto se lo tengo que contar a Candy" está a una llamada o una videoconferencia de distancia y nos enchufamos en una conversación sin fin que elimina las distancias. Porque es de esas amistades que ni el tiempo, ni la distancia puede acabar.
En el plano amoroso... las cosas no han cambiado demasiado... pero sigo ahí abierta a las posibilidades aunque una parte de mi mente me diga que las historias de amor sólo pertenezcan a los libros y películas... a veces hay que acallar esas voces y dar rienda a la locura.

Así que este año tengo mucho por que brindar: por el trabajo, por los cariños incondicionales, por los amigos de siempre y por los nuevos, por mi familia, por mis éxitos y también por mis fracasos... y pido y añoro que este año nuevo traiga nuevas aventuras, nuevas historias y muchos viajes.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Hopeless


No sé exactamente si existe un diagnóstico apropiado respecto a como me siento. No es diferente de las miles de veces que me pasó, sin embargo, intento darle una explicación a mi estado de ánimo.
Supongo que es agotamiento, supongo que es esta altura del año donde nuestras fuerzas nos terminan por abandonar y uno sin energías va haciendo el balance.
No sé, es esa sensación de no reconocerme a mí misma, de estar cansada constantemente y tener ganas de rendirme, de largar la carrera y volver a mi introvertido mundo imaginario, donde soy lo que quiero ser. Sé que es una idiotez pero es como si la vida me estuviera dando de cachetadas y no pudiera defenderme. Es como me quitara lo único en que me considero "buena". 
Tal vez es que no tengo un día libre y que cuando lo tengo lo paso generalmente sola, sin planes, ni amigos y ningún lugar a donde ir. 
Los fines de semana llegan para desplomarse sobre mí y decirme que hace ocho años que estoy esclavizada en un trabajo que me da la oportunidad de seguir luchando por las cosas que quiero y que un trabajo full time no me dejaría tener pero que al mismo tiempo no me alcanza para vivir y tener la mente tranquila sobre que estoy construyendo algo para mí. 
Tengo ganas de llorar y no sé si es cansancio, si es el fracaso en el estudio, en el amor, en mi vida o las fucking hormonas, porque como si no fuera suficiente con lo que nos rodea el cuerpo femenino se encarga de adosarnos un montón de emociones extras que me hace llorar hasta por una estúpida publicidad.
No sé, no tengo respuestas, tengo muchas dudas, ganas de seguir luchando y esperar siempre lo mejor aunque casi nunca es así.
Hoy me siento desesperanzada. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Extraño

Extraño los fines de semana en que lo único que tenía que hacer era buscar algo por hacer...
Extraño los sábados sin salidas ni reuniones en que las noches divergían entre palabras y lecturas sin fin aunque mi biblioteca no existiera aún.
Extraño dibujar por dibujar... sin que haya una necesidad de desestresarme porque no sabía lo que era eso.
Extraño las noches en donde las agujas del reloj no existían...
Extraño los domingos mañaneros de crucigramas y plazas de papel.
Extraño los días en que hacía sin más...