No es secreto
que comencé a estudiar literatura y a pesar de la locura que parece convertirse
día a día, no paro de disfrutar todo lo que estoy aprendiendo.
Amo los libros,
desde que aprendí a leer, sentí la fascinación de leer todo lo que se ponía en
mis manos y eso no era demasiado en una familia en la que soy la única que leo.
Pero a eso no
viene este post. Este post está dedicado a lo que me provocan las clases de
Literatura europea, en especial, las prácticas de Grecolatina en donde
analizamos las primeras obras literarias del mundo occidental; y tengo la
suerte de tener una profesora que te inspira minuto a minuto a querer saber más
y más sobre ese fantástico mundo.
Y cada clase,
salgo con la sensación de haber develado la vida. De cosas que resultan tan
obvias oírlas que uno se pregunta por qué antes se nos había ocurrido.
En fin, los
griegos hacen que mi mundo se ponga patas para arriba y me cuestione mis
accionar.
Para los
griegos, los habitantes de las polis que estaba rodeada de la sabiduría de los
hombres y la intervención divina en cada aspecto de la vida, la muerte era el
olvido, uno está muerto en el instante en que nadie ya nos recuerda.
Y eso me hizo
pensar… me hizo sentir… y cuestionarme cosas que hace ocho años vengo evitando,
porque no quiero revivir el dolor y sin embargo, siento que se los debo, que
necesito plantarme ante las sólidas y frías piedra y hacerles saber que ni por
un segundo me olvido de ellos… que los amo y a veces los querría físicamente a
mi lado, pero aún así nunca, ni por un instante mientras mi existencia perdura,
hasta que las moiras corten el hilo de mi destino, habrán muerto.
La muerte es
olvido, mientras viva eso no será posible...


Totalmente de acuerdo, los seres que amamos, nunca mueren si no los olvidamos. Viven en nosotros y un poco dejaremos de ellos al partir.
ResponderEliminarSaludos