lunes, 12 de noviembre de 2012

El retrato

Espejo en frente y lápiz en mano comencé a trazar líneas y sombras de mi rostros.
Dibujo rostros más que nada o lo solía hacer...
Y poco a poco los trazos grises y las sombras fueron haciendo cobrar vida a mi rostro sobre el papel.
En aquel entonces llevaba el cabello corto y la mirada triste.
Y no lo pude resistir...
No pude ver la crudeza de aquellos ojos grises que reflejaban el malestar emocional que atravesaba... y la desesperanza de que algún día la miseria dejara de inundarlo todo con su caudal de lágrimas saladas que acudían en la oscuridad.
Cobardemente lo hice añicos porque no podía simplemente verlo.
Era desgarrador, demasiado real, latente y presente como para poder afrontarlo.
Y me deshice de él.
No sé porque me encontré pensando en aquello... sigue sorprendiéndome la forma en que trabaja mi mente...
Hoy el recuerdo me hace sentir emociones encontradas. Primero decepción, porque en aquel momento no fui capaz de hacerle frente a la realidad, y por otro lado, orgullosa de que pueda mirar a atrás y ver cuan lejos he llegado y sé que puedo llegar aún más lejos.
El retrato se fue modificando y los grises se fueron tornando de tonalidades frías a cálidas que le infunden vida, valor y fuerza a mi existencia.

3 comentarios:

  1. Nunca supe dibujar, pero se lo que es mirarse sin verse en el espejo, porque es más fácil que ver la realidad de lo que nos muestra. Pasé todo el año así... estoy intentando volver a verme, pero todavía a veces se hace difícil...
    Hermoso el relato :)
    besos

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